Ab aeterno: Desde siempre; desde mucho tiempo atrás; sin principio.
Ab initio: Desde el principio.
Ab ovo: Desde el huevo. Cuando se trata de narraciones, significa desde el origen o desde un momento muy remoto del suceso narrado.
Absit: Con esta voz se manifiesta el deseo de que alguna cosa esté o vaya lejos de quien habla.
Ab urbe condita: Desde la fundación de la ciudad (Roma).
Abusus non tollit usum: El abuso no anula el uso.
Accessit: Segundo premio; mención honorífica. Castellanizado en accésit, DRAE.
A contrariis: Por los contrarios; por las cosas contrarias. El argumento contrariis es aquel en que se parte de dos posiciones opuestas y se concluye de una lo contrario de lo que se sabe por la otra.
Addenda: Adenda; apéndice, sobre todo de un libro. Se emplea más en femenino.
Addenda et corrigenda: Lo que debe añadirse y corregirse.
Ad hoc: Apropiado; adecuado; lo que se dice o hace sólo para un fin determinado.
Ad hominem: Contra el hombre; al hombre; a la persona. El argumento ad hominem se aplica a una forma de razonar en la que se intenta refutar o convencer al adversario utilizando sus propias palabras o hechos, en lugar de apelar a argumentos generales.
Ad honorem: Lo que se hace sin retribución alguna.
Ad infinitum: Hasta lo infinito; lo que no tiene límites.
Ad interim (a.i.): Provisionalmente; con carácter interino; entretanto.
A divinis: De las cosas divinas. Se utiliza en Derecho canónico para indicar la penalidad que consiste en la suspensión de los oficios religiosos. Un sacerdote suspendido a divinis no puede ejercer su ministerio. La cesación a divinis es, según el DRAE, la «suspensión canónica de los divinos oficios en una iglesia violada».
Ad libitum: A voluntad; a elección; a gusto; con libertad. La abreviación ad lib se ha popularizado en el mundo de la moda.
Ad Maiorem Dei Gloriam (A.M.D.G): A la mayor gloria de Dios.
Ad nauseam: Hasta producir repugnancia (física y moral).
Ad pedem litterae: Al pie de la letra. Literalmente.
Ad perpetuam memoriam: Para eterna memoria.
Ad referendum: A condición de ser aprobado por la autoridad superior.
Ad valorem: Según el valor. Se usa, sobre todo, para indicar que una mercancía importada paga un derecho de entrada proporcional a su valor.
A fortiori: Con mayor razón.
Alea iacta est: La suerte está echada.
Alias: Por otro nombre; de otro modo; mote; apodo.
Alma mater: Madre nutricia. Los escritores latinos se referían a la patria con esta expresión. Hoy se emplea para aludir a la Universidad. Alma mater es un sintagma femenino: la alma mater (se emplea la delante de a tónica, en lugar de el, porque alma no es aquí sustantivo, sino adjetivo).
Alter ego: Otro yo. Es la persona en la que se ve un trasunto de otra.
Ante meridiem (a.m.): Antes del mediodía.
A posteriori: Después, con posterioridad.
A priori: Antes; con anterioridad.
Ars longa, vita brevis: El arte (la ciencia) es duradero, pero la vida es breve. Esta expresión se emplea para indicar que cualquier tarea importante requiere mucho esfuerzo y tiempo; pero la vida de quien la emprende es corta.
Ars moriendi: Arte de morir.
Aurea mediocritas: Áurea medianía. Con esta expresión se alude a los que viven felices sin grandes ambiciones.
Aut Caesar aut nihil: O César o nada. Esta expresión sirve para ponderar la extremada ambición de alguna persona.
Ave, Caesar, morituri te salutant: Dios te guarde, César, los que van a morir te saludan. Así se expresaban los gladiadores del circo antes de emprender sus luchas.
jueves, 28 de mayo de 2009
miércoles, 27 de mayo de 2009
LARES

Los lares eran divinidades romanas hijos de la náyade Lara y el dios Mercurio cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares.
La religión de la antigua Roma presentaba dos vertientes: por un lado, los cultos públicos o estatales y, por otro, los cultos privados o domésticos. Dentro de ésta segunda vertiente se sitúa la adoración de los llamados dii familiaris o dioses de la familia. Entre estos se encuentran los lares loci, cuya función primordial era velar por el territorio en que se encontraba la casa familiar. Tanto es así, que antes de que la propiedad privada fuese regulada por el derecho, eran los dioses lares los encargados de evitar que los extraños se adentrasen en tierras ajenas mediante, según la creencia popular, la amenaza de enfermedades que podían llegar a ser mortales.
Las familias romanas sentían una gran veneración por los lares, que representaban en forma de pequeñas estatuas. Éstas se colocaban tanto dentro como fuera de la casa en pequeños altares llamados lararia (sg. lararium), donde se realizaban ofrendas o se les rendía oración. En la casas (sg. domus), el larario solía situarse en el atrio, lo más cerca posible de la puerta principal. En el caso de los apartamentos (pl. insulae), el lararium se colocaba cerca de la cocina, aunque en una misma casa podían existir varios y no era extraño que se encontrasen en los dormitorios. Lo que era importante, sin embargo, es que no estuviesen en lugares poco transitados o escondidos, con el fin de que no fuesen ignorados u olvidados.
En los primeros tiempos romanos cada casa tenía al menos una estatuilla, más adelante surge cierta confusión entre éstas y las de los manes, almas de los antepasados muertos.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA:
Si bien el culto a los lares ha desaparecido, todavía pueden observarse algunos vestigios en ciertas costumbres o tradiciones aparentemente cristianas.
Mientras el cristianismo fue perseguido y hasta castigado con la muerte existió una clara distinción entre éste y el mundo pagano. Con el Edicto de Milán, promulgado por Constantino I el Grande en 313 d.C., se admitió al cristianismo entre las religiones lícitas con una visión tolerante hacia el paganismo y otras formas de elección de conciencia. Pero, a partir de Teodosio I el Grande , comenzó un ataque abierto contra la antigua religión, muy arraigada aún entre el pueblo. Obligados a profesar una única religión oficial, muchas personas continuaron con sus prácticas anteriores, pero dándoles un tinte "cristiano". De esta forma el larario mantuvo su posición cercana a la puerta de entrada, pero conteniendo una imagen de Jesús, de un santo o hasta de la Virgen. Los lares urbanos fueron cambiados por los santos patronos y así por el estilo. Es un ejemplo interesante de cómo interactúan dos culturas diferentes cuando se relacionan entre sí o una de ellas desplaza a la otra.
ATENAS

Atenas (en griego Αθήνα, Athína) es la capital de Grecia y actualmente la ciudad más grande del país. La población del municipio de Atenas es de 741.512 (en 2001), pero su área metropolitana es mucho mayor y comprende una población de 3,7 millones (en 2005). Es el centro principal de la vida económica, cultural y política griega.
La historia de Atenas se extiende más de 3000 años, lo que la convierte en una de las ciudades habitadas más antiguas. Durante la época clásica de Grecia, fue una poderosa ciudad estado que tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la democracia. También fue un centro cultural donde vivieron muchos de los grandes artistas, escritores y filósofos de la Antigüedad. Estas contribuciones de Atenas al pensamiento de su época tuvieron una gran influencia en el desarrollo de Grecia, de Roma y de la cultura occidental.
Atenas es una de las ciudades más ricas en restos arqueológicos de extraordinaria importancia, de los cuales el más famoso es el Partenón en la Acrópolis. Además de construcciones de la época clásica griega, también se conservan monumentos romanos y bizantinos, así como varias construcciones modernas notables.
COLISEO, EL SIMBOLO DE UN IMPERIO.

El símbolo de todo un Imperio. Ese es el Coliseo de Roma. La muestra de todo el poder de una ciudad sobre un vasto Imperio dominado hasta los mismos límites de Oriente. El Coliseo, la admiración del mundo entero en una época gloriosa para Roma; el lugar, donde leones, cristianos, gladiadores, y juegos servían de divertimento a una sociedad ufana y sabedora de su grandeza.
Para situarnos en aquella época y rememorar tiempos de gloria, lo mejor es ir a la zona del Capitolio, al Campidoglio. Desde ese plaza, accederemos a un balcón que se asoma sobre los Foros Imperiales, el lugar donde yace todo el pasado del Imperio Romano, hoy en ruinas. Desde allí podremos divisar el Circo Máximo, el Foro Romano, el de Trajano, los Templos de Saturno y la Concordia, o el Valle del Anfiteatro con el famoso Coliseo. Desde allí, podremos perder la vista hacia años de lucha, de dominación, de fastuosidad, de grandeza, y revivir en la imaginación la sociedad que tan bien nos presentaban en películas como Gladiator.
Y de fondo, tras aquel mágico paraíso cargado de Historia, el Anfiteatro Flavio, más conocido como el Coliseo, situado entre los cerros Palatino, Celio y Esquilino. Más de 50 metros de altura; casi 188 metros de diámetro por su lado mayor y 156 por el eje menor. Aún hoy, en ruinas, impresiona su elegancia.
Su Historia
Fue mandado construir por Vespasiano en el año 72 d.C., e inaugurado por Tito en el 80 d.C., tras celebrar una serie de fastuosas ceremonias y espectáculos que duraron 100 días. Tuvieron lugar luchas a muerte de gladiadores, peleas de animales salvajes, y la entrada fue gratuita. Casi 55.000 espectadores que entraban por 80 bocanas y que los conducían por pasillos hasta las 160 bocas de donde se llegaban a los graderíos. Este formó parte de una serie de anfiteatros que se fueron construyendo y de los que aún se conservan, aparte del romano, el del El Djem en Túnez, los de Nimes y Arles en Francia o el de Verona, al norte de Italia. Entre los siglos V y VI se prohibieron las luchas de gladiadores y de animales salvajes, y es en el siglo XIII cuando el Coliseo se convierte en fortaleza. El último espectáculo del que se tiene noticia es del año 523 bajo el rey godo Teodorico. Posteriormente el Anfiteatro, convertido en fortaleza, fue abandonado, e incluso parte de sus piedras, como la de tantos otros edificios históricos de los Foros Imperiales, se utilizaron como canteras para otros edificios más modernos. Fue a finales del siglo XIX cuando se excavó la estructura bajo la arena, y retomó la importancia que hoy día tiene.
Su estructura
El interior del Coliseo tenía un ruedo central hecho de madera cubierta de arena, y bajo el que se extendía un auténtico laberinto de pasillos divididos en varios pisos, donde se encontraban las mazmorras y las jaulas de los animales. La zona de graderíos era llamada “Cávea”, dividida en tres sectores superpuestos, más un cuarto graderío de madera para los espectadores de a pie. Cada sector estaba reservado para las diferentes clases sociales. En su parte más alta, el Coliseo tiene el “Velarium”, una gran carpa que protegía a los espectadores del sol y que eran manejados por un destacamento especial de marineros de la flota de Nápoles. El “podio” es la zona donde se sentaban el emperador y los principales miembros de la sociedad romana.
Los muros exteriores están hecho de travertino, y las columnas que en ella se ven son dóricas las del primer piso, jónicas las del segundo, y corintias las del tercero. En cada una de las arcadas que se pueden ver, había una estatua representativa de emperadores y dioses.
La Plaza del Coliseo
Antiguamente, junto al Coliseo, había una gigantesca estatua de bronce dorado de más de 35 metros de altura: el Coloso de Nerón, obra del escultor Xenodoro, que representaba al emperador, y a la que, tras fallecer éste, se le sustituyó la cabeza por la del dios Sol. Junto al Coliseo Romano y el Coloso, se podía admirar el Templo de Venus dedicado a la diosa fundadora de Roma y el Arco de Constantino.
Hoy día, por su importancia, por su arquitectura, por su elegancia, y por el lugar en la Historia que ocupó el Imperio Romano, el Coliseo ha sido designado como candidato a Nueva Maravilla del Mundo, junto a otros importantes monumentos mundiales, como el Taj Mahal, la Alhambra, Timbouctú, Petra, el Macchu Picchu, la Gran Muralla China, las Pirámides de Gizeh, la Isla de Pascua, la catedral de San Basilio, Santa Sofía en Estambul, o el castillo de Neuchswastein
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