viernes, 20 de febrero de 2009

EL CALENDARIO GRIEGO

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El calendario griego se asimiló al año lunar, al cabo del cual la posición astronómica volvía al mismo punto del Zodiaco, aproximadamente, pues a la suma de los 12 meses lunares le faltaban 10 días para cumplir la vuelta anual, lo que se completó haciendo el agregado de ese déficit cada dos años. El año inicia en el estío, cuando termina la recolección de los cereales y la vendimia. Como mes primero figura Pyanopsion. (octubre), pródigo en días festivos. Los demás meses, con su significación, son: Maimakterion, (noviembre), carente de fiestas notables; Poseidon, (diciembre), propicio a la fistas de mujeres, con danzas y cantos que significaban el retorno de la diosa de la fertilidad; Gamelion, (enero), mes de las fiestas conmemorativas del mosto y de cierto carácter nupcial al conmemorar el matrimonio de Zeus y Hera; Anthesterion, (febrero), propicio para beber el vino; Elaphebolion, (marzo), mes de las fiestas populares denominadas las grandes Dionisiacas; Munychion, (abril), de las fiestas délficas dedicadas a Apolo, las cuales marcaban el comienzo anual de las expediciones marítimas; Thargelion, (mayo), mes de ofrendas y purificación de los templos; Sgirophorion, (junio), una especie de paréntesis entre tantas fiestas; Hecatombeon, (julio), toma su nombre de la hectombe ritual de cien cabezas de ganado que servían para reanudar las fiestas, entre las cuales se contaban las “panataneas”, célebres por los concursos de música, atletismo, equitación y carreras de antorchas, celebraciones que finalizaban con una procesión al templo de Atenea; Metageinion, (agosto), dedicado a estimular la amistad y las buenas relaciones ciudadanas; Bedromion, (septiembre), dedicado a la renovación anual de los grandes misterios, como el de la inmortalidad del alma.

La amplia sucesión de días festivos en el calendario griego, a tan diversos niveles culturales de interpretación, dice el historiador Luis Bonilla en sus anotaciones, “no se habían institucionalizado para otorgar el simple descanso, necesario al trabajador como a las bestias, sino con el fin de dar sentido a la vida, promover la alegría, la felicidad y la convivencia ciudadanas, dentro de un marco ético y estético que los griegos denominaron lo bello y lo bueno”.

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